XXXI aniversario de Oficina Regional De Santiago
La economía dominicana frente a la coyuntura internacional actual: ¿hacia un nuevo modelo?
Lic. Héctor Valdez Albizu, Gobernador

Permítanme iniciar esta ponencia, apreciados amigos, agradeciendo al Director de la Oficina Regional del Banco Central de la República Dominicana, Lic. Yamil Espinal, la gentil invitación que nos hiciera para comparecer ante este selecto auditorio, en el marco de la celebración del trigésimo primer aniversario de nuestra oficina regional.  La verdad es que me siento altamente complacido de regresar a Santiago de los Caballeros, ya que cada vez que he venido a disertar en mi calidad de Gobernador del Banco Central al primer Santiago de América, tierra de bellas mujeres y cuna de valerosos hombres, me siento parte de ustedes, por la hospitalidad y aprecio con que siempre me reciben. 

Precisamente ayer se conmemoró la epopeya histórica que selló hace 167 años la independencia nacional: “la batalla del 30 de marzo”, reafirmando nuestras aspiraciones libertarias y llenando de gloria nuestra enseña tricolor. Unos años después, Santiago fue la cuna de la Guerra de la Restauración, convirtiéndose entre 1863 y 1865 en capital de la nación.

 

A Santiago se le ha denominado, desde su fundación en 1495, como la segunda ciudad más importante de la República Dominicana, pero les confieso amigos, que si bien eso es cierto en el ámbito de la división política de la nación, estoy convencido, y las cifras no me dejan mentir, que en cuanto a la producción nacional, este terruño cibaeño, es el primero en preponderancia, ya que desde esta región se abastece la mayor proporción del mercado alimentario del país, así como la mayor parte de las exportaciones agrícolas hacia el resto del mundo.

 

He querido aprovechar esta ocasión, para presentarles las perspectivas de la economía dominicana ante la actual coyuntura internacional, así como poner sobre la mesa algunas reflexiones sobre el modelo económico dominicano.

 

1.     ENTORNO INTERNACIONAL

Quisiera, estimados amigos, presentarles a manera de preámbulo un breve análisis sobre la situación internacional. El año 2011 ha iniciado con un entorno externo un tanto incierto, debido a las tensiones sociales en varias economías productoras de petróleo en el Medio Oriente y en el Norte de África, que han intensificado las presiones al alza de los precios del petróleo, situándose a niveles superiores a los US$100 por barril.

A esta situación se le añade, la lenta recuperación de la economía mundial debido a la persistencia de la crisis de deuda en Europa, los desastres naturales en Japón y el hecho de que Estados Unidos aún está creciendo por debajo de su potencial. Sin embargo, hay que destacar que la economía estadounidense comienza a dar señales de recuperación, habiendo registrado un crecimiento mayor al esperado de 2.9% en 2010 y un ritmo de expansión de 3.1% en el último trimestre que influyó en este resultado. Otra noticia  alentadora para ese país es que el desempleo abierto ha comenzado a descender, situándose  en 8.9%, de acuerdo con las últimas cifras disponibles. 

Sin lugar a dudas, estos acontecimientos están teniendo un significativo impacto sobre economías pequeñas, abiertas y no productoras de petróleo como la nuestra. Esta realidad incide directamente a través del aumento de la factura petrolera y del alza de importantes insumos alimentarios, elevando el componente de “inflación importada” en los precios internos. A título ilustrativo es oportuno mencionar, que en nuestro país se ha incrementado significativamente la factura petrolera en los últimos años, tanto en valor como en volumen. De hecho, el aumento de las importaciones de petróleo y sus derivados ha llegado a representar en ocasiones más del 40% del incremento de las importaciones nacionales, influyendo de manera significativa en el déficit de cuenta corriente.

Para el año 2010, la factura petrolera ascendió a US$3,427.5 millones, un aumento de 30% con respecto a 2009, equivalente a US$786.5 millones. Aproximadamente un tercio de este aumento corresponde a un incremento en el volumen importado y el resto, es decir las dos terceras partes, a mayores precios de importación. Esto, unido al incremento que registraron las importaciones realizadas por las empresas de inversión extranjera, contribuyó a que el déficit de cuenta corriente ascendiera a 8.5% como porcentaje del PIB en 2010, el cual fue financiado con holgura por influjos de inversión extranjera superiores a los US$2,900 millones, así como por desembolsos de préstamos externos.

Ante este contexto internacional descrito, el país se ha visto compelido a tomar medidas para preservar la estabilidad macroeconómica y mitigar los efectos de los choques externos. En esa tesitura, el Señor Presidente de la República, Dr. Leonel Fernández Reyna, anunció recientemente un conjunto de medidas que procuran elevar el ahorro y racionalizar el gasto público. De hecho, el Gobierno Dominicano ha venido realizando ingentes esfuerzos, reduciendo su déficit de 3.5% del PIB en 2009 a 2.5% en 2010, proyectando alcanzar un superávit primario en el marco del acuerdo con el FMI, que le permitirá cerrar el año 2011 con un menor déficit de 1.6% del PIB.

Este esfuerzo fiscal, amigos, viene a complementar las medidas previsoras que las autoridades monetarias han venido implementando desde agosto de 2010, con la finalidad de adecuar la demanda interna a la realidad internacional actual y garantizar  la estabilidad  de precios y un clima propicio a la inversión local y extranjera.

Quiero reiterar en esta ocasión, lo que expresé en el Almuerzo organizado por la Asociación Dominicana de Exportadores el pasado viernes 18 de marzo, cuando afirmé que “se hace apremiante que aprendamos a vivir conforme a nuestras posibilidades reales como Nación en vías de desarrollo”. De ahí nuestra exhortación en el sentido de que tanto el sector público como el privado realicen sus mejores esfuerzos para promover una efectiva racionalización del gasto e incrementar sustancialmente el ahorro nacional, el cual ha disminuido como porcentaje del PIB de 18.1% en 2000 a 7.3% en 2010.

 

2.    DESEMPEÑO MACROECONOMICO RECIENTE

Aprovecho este selecto auditorio para darles una primicia respecto a la variación experimentada por el Indicador Mensual de Actividad Económica (IMAE), que es una aproximación del crecimiento económico. El resultado promedio de la tendencia-ciclo acumulada del IMAE a febrero 2011 se ubica en torno al 5.2%, resultando notablemente más moderado que el crecimiento de 8.1% que registró la economía dominicana en el mismo periodo del pasado año.

Para 2011 se estima en el Programa Monetario del Banco Central y en el Acuerdo Stand-by vigente con el FMI, que el crecimiento de la economía se situaría entre 5.5% y 6%, el cual se encuentra muy cercano a su nivel potencial, y la inflación en un rango entre 5% y 6%. Como se anunció públicamente, la inflación acumulada en los dos primeros meses del año fue de 2.46%. Esto refleja en gran medida los efectos de la inflación importada, ya que los bienes que han aumentado mayormente de precios son los grupos transporte y alimentos, que incluyen los bienes afectados por las alzas internacionales de los precios del petróleo y demás commodities.

Por esta razón, con el objetivo de cumplir con la meta de inflación para este año, el Banco Central tomó la decisión de incrementar su tasa de política monetaria (overnight) de 5% a 6%, para moderar el ritmo de expansión del crédito bancario en procura de adecuarlo al crecimiento del PIB nominal, que es lo aconsejable y prudente en el manejo de la política macroeconómica, especialmente ante el difícil entorno externo prevaleciente. Aprovecho la oportunidad para anunciarles, a manera de primicia, que a partir del día de mañana 1ro. de abril, la tasa de política monetaria overnight será incrementada en 25 puntos básicos, quedando en 6.25%. 

Lo que procura el Banco Central con esta decisión de política monetaria, estimados amigos, es reducir las presiones inflacionarias, manteniendo nuestro compromiso con la estabilidad macroeconómica y el control de la inflación. Además, a la consecución de este objetivo ayudará la reducción del gasto público que se ha venido implementado desde mediados de 2010, que deberá ser mayor debido a las medidas anunciadas recientemente por el Presidente de la República.

No obstante, quisiera detenerme en este punto para aclarar, que a menos que se produzca una dramática agudización del entorno internacional, las autoridades del Banco Central no prevén implementar en este año 2011 una respuesta de política monetaria tan restrictiva como en 2008. Recordemos que hace tres años, el precio del crudo alcanzó su nivel histórico de US$147 por barril en junio de 2008, generando presiones sobre los precios internos mucho mayores que las actuales. Además, el crédito al sector privado en moneda nacional crecía a esa fecha por encima de 30% anual, muy superior al crecimiento del PIB nominal, a la vez que se verificaba un importante incremento en el gasto público.

Sin embargo, el escenario económico de 2011 muestra menores presiones inflacionarias que en 2008. El crédito al sector privado comienza a desacelerar su crecimiento anualizado, disminuyendo de un ritmo cercano al 20% al cierre de 2010 a 17% a marzo de 2011. Por otro lado, el Gobierno Central contempla alcanzar un superávit primario en su manejo presupuestario, consistente con la moderación esperada del crecimiento de la economía.

 

3.    IMPORTANCIA DE SANTIAGO Y EL CIBAO EN LA ECONOMIA NACIONAL

Como ha ocurrido en mis anteriores disertaciones en esta hidalga ciudad de Santiago, cabecera progresista de comunidades altamente productivas, permítanme aprovechar este conversatorio para presentarles una breve reseña de algunos indicadores recientes de Santiago y la región del Cibao, que indiscutiblemente reflejan su dinamismo y particular importancia  económica para el país.

Los resultados de la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo, ratifican la principalía del Cibao en materia de generación de empleos. A octubre de 2010, el 36.9% del personal ocupado a nivel nacional, es decir  1,385,396 empleos, se ubican en esta fértil y pujante región, siendo la agropecuaria, industria, comercio y otros servicios, las actividades donde se concentran la mayor cantidad de puestos de trabajo. 

Otra muestra del dinamismo de esta región lo constituyen los ingresos brutos reportados por la actividad comercial a la Dirección General de Impuestos Internos, los cuales para 2009 ascendieron a unos RD$97,000 millones, equivalentes al 15.8% de los ingresos brutos a nivel nacional. Este aporte es mayor en la práctica, dado que aquellos grandes establecimientos comerciales que tienen su casa matriz en Santo Domingo, reportan sus ventas a nivel nacional sin separarlas por sucursales.

Para nadie es un secreto que el Cibao es la región agrícola más importante del país, aportando el 62.9% de toda la producción nacional de esta actividad. Aunque ciertamente no disponemos de un censo agropecuario actualizado que nos permita desagregar la importancia relativa de otros rubros, según informaciones de INTABACO, el 70% del total del tabaco producido a nivel nacional se cultiva en Santiago.

En lo referente al sector financiero se destaca que al cierre del año 2010, un 16% de las captaciones totales de la banca múltiple corresponden al Cibao, lo que implica un monto total de depósitos de RD$80,175.2 millones. La mitad de estos recursos fueron captados en Santiago.

En cuanto a los recursos canalizados por la banca múltiple en la Región Norte, el monto total ascendió a RD$53,704.4 millones a diciembre de 2010, siendo un 52.8% de estos recursos prestados a los diferentes usuarios de la ciudad de Santiago. A nivel nacional, los préstamos colocados en la Región Norte representaron un 17.2% del total. 

Es preciso resaltar, que la participación del Cibao en las transacciones financieras del país es aún mayor. Si se observa con detenimiento el comportamiento de las colocaciones de otros intermediarios financieros, se verifica que las Asociaciones de Ahorros y Préstamos otorgaron el 30% de sus préstamos en 2010 en la Región del Cibao, es decir RD$16,146.5 millones.

Durante el año 2010, las canalizaciones y captaciones en la ciudad de Santiago crecieron en 13.9% y 18.1% respectivamente, lo que refleja el dinámico desempeño económico de esta pujante ciudad, dada la estrecha correlación que existe entre el crecimiento económico y el crédito bancario. 

Desde marzo del 2002, Santiago se ha convertido en un importante puerto de entrada y salida al país. En efecto, durante 2010 el flujo de pasajeros por el Aeropuerto Internacional del Cibao ascendió a 433,737, con un crecimiento de 8.6% respecto a 2009, igualando al total transportado por Puerto Plata. Esto representa un 9.5% del total de viajeros por vía aérea.

Otro indicador que refleja la importancia económica de la región lo constituye el parque vehicular. Al cierre de 2010, del total de vehículos matriculados a nivel nacional ascendente a 2,734,740 unidades, incluidos los vehículos de motor y motocicletas, 718,690 están  registrados en la región norte, correspondiéndole el 22.5% a la ciudad de Santiago.

Como sabemos, el sector telecomunicaciones ha sido una de las actividades más dinámicas de la economía dominicana en la última década. Particularmente en Santiago, según el Instituto Dominicano de Telecomunicaciones, al mes junio de 2010 existían 1,110,760 líneas instaladas netas, incluyendo tanto las fijas como las inalámbricas. Esto representa el 11.1% del total de líneas a nivel nacional. Utilizando los datos arrojados por el último censo nacional de noviembre de 2010, la población de Santiago asciende a 942,509 habitantes, por lo que la teledensidad en esta ciudad es de 1.17, lo que revela que hay más de un teléfono por persona, un claro reflejo de modernidad y bienestar.   

Todos conocemos, estimados amigos, que Santiago ha sido pionera de las zonas francas industriales, las cuales desempeñan un papel relevante dentro de la actividad económica de esta ciudad. Por ejemplo, al cierre de 2010, de los 48 parques industriales de zonas francas a nivel nacional, 22 están instalados en Santiago; mientras que de las 555 empresas de zonas francas, el 47.6%, es decir unas 222 empresas, están establecidas en la región Norte, siendo las ramas textiles, tabaco y calzados las de mayor ponderación. En el caso de la manufactura del tabaco, ésta ha ganado un merecido crédito a nivel internacional por la calidad de sus cigarros.

Al cierre de 2010, de acuerdo a informaciones del Consejo Nacional de Zonas Francas, este sector empleaba 121,001 trabajadores a nivel nacional, de los cuales 50,592 corresponden a la región Norte, ubicándose en Santiago el 65%, equivalente a 32,635 trabajadores. Por otra parte, la inversión registrada en las zonas francas a nivel nacional al cierre de 2010 ascendió a más de US$2,880 millones, correspondiéndole a la región norte el 34.5%, de los cuales US$688.4 millones han sido invertidos en Santiago. 

Como se puede apreciar, señoras y señores, la recuperación exhibida en la actividad de las zonas francas durante 2010, al registrar sus exportaciones un crecimiento de 7.5% después de cinco años consecutivos de tasas de variaciones negativas, necesariamente está repercutiendo en una mejoría de la actividad económica de esta pujante ciudad industrial, como lo reflejan las cifras presentadas.

Después de destacar los aportes económicos de la dinámica región del Cibao y de Santiago, debemos reseñar sus contribuciones en materia de Salud y Educación. En este tenor, esta ciudad cuenta con varios centros hospitalarios de importancia, entre los que se destaca el HOMS, uno de los centros de medicina avanzada más modernos del Caribe.

De igual manera, hay que señalar que Santiago se ha convertido en un importante centro educativo y cultural, ya que en la actualidad existen 11 centros de educación superior, dentro de los que se destacan: la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, el Instituto Superior de Agricultura, el Centro Universitario Regional de Santiago, la Universidad Tecnológica de Santiago, la Universidad de la Tercera Edad, Universidad APEC, Universidad O&M, entre otros. Esto crea mayores oportunidades para la formación de capital humano en la región.

  

4.    ¿DEBEMOS CAMBIAR EL MODELO ECONOMICO DOMINICANO?

Como anuncie al inicio de este conversatorio, antes de finalizar mi exposición quisiera referirme brevemente al debate sobre la supuesta necesidad de sustituir el modelo económico dominicano. Señoras y señores, resulta evidente que la economía dominicana ha logrado una rápida recuperación post-crisis, manteniendo la estabilidad macroeconómica, control de la inflación, estabilidad relativa de la tasa de cambio y elevado crecimiento económico por encima del promedio de la región latinoamericana, lo cual ha merecido el reconocimiento de organismos internacionales.

No obstante lo anterior, me causa sorpresa la insistencia de algunos empresarios, políticos, economistas y representantes de la opinión pública, que promueven la tesis de que el país está obligado a cambiar su actual modelo económico, alegando que: “el crecimiento es excluyente, insostenible a largo plazo y no reduce la pobreza”. Incluso algunos consultores externos y economistas locales sostienen que el crecimiento no es sostenible por estar supuestamente fundamentado en el sector no transable, pese a que los resultados tangibles muestran todo lo contrario.

Reconozco que este es un tema complejo, donde confluyen muchos intereses, dado que los planteamientos por un cambio de modelo siempre dependerán de la óptica del sector que los promueva. Por ejemplo, los exportadores abogan por una moneda más depreciada, mientras que los industriales desean bajas tasas de interés y reclaman exenciones tributarias para ser más competitivos. Sin embargo, el consenso internacional es que estas prácticas deben ser descontinuadas, ya que tienden a generar distorsiones en la economía, favoreciendo unos sectores en detrimento de otros, además de que reducen las recaudaciones fiscales. En la actualidad, la forma en que el Estado debe apoyar la actividad empresarial es a través de reglas de juego claras y permanentes en el tiempo, garantizando, como señalara en el día de ayer el Presidente de la Cervecería Nacional Dominica (CND), el señor Franklin León, equidad tributaria para todos y seguridad jurídica, y yo agregaría, además cumplimiento del orden institucional establecido a través de respeto integro de las normas que rigen nuestro comportamiento en la sociedad. Esto, señores, debe ser un compromiso de todas y todos los dominicanos del sector público y el privado.

De hecho, estimados amigos, leí con gran satisfacción el artículo titulado ¿Cambiar el modelo económico? que publicó en la prensa el pasado domingo 27 de marzo, el Honorable miembro de la Junta Monetaria, Ing. Ramón Núñez Ramírez, el cual sintetiza en gran medida el mensaje central que quiero comunicarles en el día de hoy. Estoy plenamente convencido que el modelo económico dominicano no está agotado, no es excluyente y no necesita ser sustituido. Lo que se requiere en el país es impulsar y ejecutar acciones para reorientar, ampliar, diversificar y mejorar el modelo económico existente. Por tanto, dejemos de inventar soluciones a problemas que no existen, cuando en la realidad no hemos podido resolver debidamente aquellos que se derivan de elementos externos a nuestra sociedad.

Sin pretender abusar de su paciencia, me parece pertinente comenzar definiendo el concepto de “modelo económico”. En ese sentido, se distinguen claramente dos grandes acepciones. En el ámbito de la economía matemática un modelo es una representación teórica de la realidad, donde se identifican relaciones entre variables para ayudarnos a comprender el funcionamiento de la economía. Mientras que en el terreno de la economía política, un modelo se define como el marco institucional imperante para la toma de decisiones de las empresas y los consumidores en la economía y su interrelación con el Estado.

En ese tenor, históricamente se distinguen tres grandes clases de modelos económicos: la economía de mercado, en la cual prevalece el libre juego de oferta y demanda, principio del laissez faire; laeconomía centralmente planificada, en donde el Estado es dueño de los medios de producción y laeconomía mixta, que constituye una mezcla de ambos. Este último es el modelo imperante en la mayoría de los países del mundo, incluyendo a la República Dominicana.

No creo que quienes propugnan sustituir el modelo económico dominicano aspiren moverse a una economía socialista, donde no exista la libre empresa. Tampoco creo que aspiren a un modelo neoliberal en donde el Estado no juegue un rol como regulador, facilitador y proveedor de servicios públicos. De ahí que lo importante, estimados amigos, es identificar y analizar los problemas nacionales para plantear soluciones concretas dentro del marco de la lógica y el sentido común.

Las principales críticas al modelo económico dominicano en este debate se han concentrado fundamentalmente en tres aspectos: A) Sobrevaluación cambiaria y alto déficit externo,  B) la creación de nuevos empleos y la informalidad y C) el impacto del crecimiento sobre la pobreza y la desigualdad.  

A.   Sobrevaluación cambiaria y Alto Déficit Externo

Un análisis histórico del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, revela que para el periodo 1993-2010 el mismo se ubica, en promedio, en torno al 2.6% del PIB. Este nivel es sostenible para una economía abierta y en crecimiento como la nuestra, el cual ha sido financiado con holgura por los influjos de inversión extranjera y, en los últimos años se ha recibido flujo de inversión de cartera y desembolsos de préstamos.

El aumento del déficit en cuenta corriente post-crisis bancaria, que ha promediado 5.6% del PIB,  ha sido influenciado por una serie de choques externos importantes que han impactado a la economía mundial y, consecuentemente, a los países en vías de desarrollo como el nuestro. Entre estos choques se encuentran, el histórico aumento de los precios internacionales del petróleo y demás bienes primarios en 2008, la recesión mundial por la crisis financiera internacional en 2008-2009, la suspensión temporal de las exportaciones de ferroníquel durante 2009-2010 y, más recientemente, el nuevo choque petrolero que viene gestándose desde finales del año pasado. Sin embargo, se espera que en el mediano plazo, cuando se normalicen las condiciones externas, el déficit de la cuenta corriente se ubique entre 3% y 4%, como se establece en el staff report recientemente publicado por el FMI.

Por tanto, la situación del sector externo no es producto de un problema cambiario, sino por choques externos sucesivos que han afectado los términos de intercambio, particularmente de las economías no productoras de petróleo como la nuestra. De hecho, estudios del FMI, el Banco Central y expertos internacionales ratifican que el nivel de tasa de cambio se encuentra en línea con los fundamentos de la economía dominicana.

Ahora bien, debemos seguir promoviendo una mayor productividad en aquellos sectores que presentan las mayores ventajas competitivas y comparativas para el país, como es el caso del turismo, nuestra “industria sin chimenea”, que como señalara recientemente el exitoso empresario turístico Frank Raineri: “turismo es mucho más que hoteles”. Este sector no sólo genera divisas y crea empleos, sino que su dinamismo repercute positivamente en la agropecuaria, construcción, manufactura, bares, restaurantes y otras actividades conexas, a la vez que ha logrado consolidarse como el líder del Caribe insular y destino preferente de mercados cada vez más exigentes.

 

B.   La creación de nuevos empleos y la informalidad

En cuanto a las críticas al desempeño del mercado laboral dominicano, debo destacar que según la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo, entre abril 2004 y octubre 2010 el actual modelo económico logró generar 589,003 nuevos empleos netos en el país, a pesar de las condiciones externas tan adversas que hemos enfrentado. Esto se ha reflejado en la disminución de la tasa de desocupación ampliada de 19.7% en octubre 2004 a 14.1% en octubre de 2010, que incluye aquellos desempleados que buscaron trabajo activamente, así como el desempleo oculto, esto es personas que estarían dispuestos a trabajar a pesar de no estar buscando empleo de forma activa.

Sobre este particular, quisiera enfatizar que en el país se ha utilizado habitualmente la tasa de desocupación ampliada para medir el desempleo, que es un indicador más abarcador que la tasa de desocupación abierta, que es la que recomienda la Organización Internacional del Trabajo para fines de comparabilidad internacional. Ahora bien, cuando medimos el desempleo en el país utilizando la tasa de desocupación abierta, que excluye el desempleo oculto, la misma se ubicó en 4.5% en octubre de 2010. Esto es consistente con el sostenido crecimiento experimentado por la economía durante las últimas décadas.

Ahora bien, se critica que muchos de estos empleos se generan en el sector informal. Aquí debo señalar que esta realidad no es exclusiva de República Dominicana, pues tal y como señala el Banco Mundial: “la informalidad es una característica dominante en América Latina y el Caribe”.  De hecho, el país se encuentra en el promedio de la región, con un 56% de empleos informales, significativamente por debajo de Bolivia, Colombia, Perú, Ecuador, y Honduras, y en línea con los niveles existentes en Brasil, México y Venezuela.

La informalidad tiene muchas aristas, porque depende de factores educativos, fiscales, regulatorios e institucionales, además de que muchos optan voluntariamente por trabajar en el sector informal por encontrar remuneraciones netas más altas que en el sector formal. Además, la informalidad no necesariamente significa exclusión. Basta con analizar el significativo avance de la Seguridad Social en materia de salud en el país, como lo revela el hecho de que en los últimos seis años los afiliados al Seguro Nacional de Salud ha pasado de 45,000 en 2004 a más de 4.4 millones afiliados al cierre de 2010, lo cual evidencia que el modelo económico dominicano no es excluyente.

 

C.   Impacto del crecimiento sobre la pobreza y la desigualdad.

Apreciados amigos, estamos conscientes de que se requieren esfuerzos adicionales para continuar combatiendo la pobreza. Pero es innegable que en la presente administración gubernamental, el crecimiento económico ha logrado reducir la pobreza e indigencia de manera significativa. Los efectos de la crisis bancaria de 2003-2004 llevaron el nivel de pobreza a 43.4% en octubre 2004. Sin embargo, en abril 2010 se había reducido a 33.2%. Este nivel, aunque todavía elevado, implica que más de 700,000 dominicanos han salido de la pobreza en los últimos seis años.

De igual manera, el PIB per-cápita corriente en dólares de República Dominicana, que es un indicador utilizado a nivel internacional para medir el bienestar general de un país, alcanzó US$5,231.6 al cierre del año 2010, más que duplicando el nivel alcanzado en el año 2004, cuando ascendía a US$2,548. Consistente con el aumento del PIB per cápita se ha verificado una reducción de la desigualdad del ingreso en el país, colocándonos en el quinto nivel de desigualdad más bajo de la región, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

Es importante destacar que el Estado Dominicano ha jugado un rol redistributivo crucial, utilizando los beneficios del crecimiento para financiar programas de alivio a la pobreza. Al cierre 2010, los programas de asistencia del Gabinete de Política Social en sus diferentes modalidades llegan a 824,969 beneficiarios. Estos programas de transferencias condicionadas son muy comunes en toda Latinoamérica y han demostrado ser altamente efectivos para combatir la pobreza.

 

5.    REFLEXIONES FINALES

Les confieso que me he sentido muy complacido de compartir con ustedes en esta ocasión, en este primer Santiago de América, cuya hospitalidad, belleza natural y espíritu emprendedor representan lo mejor de la dominicanidad. Desde el Banco Central entendemos que las iniciativas encaminadas a diversificar y profundizar nuestra estructura productiva deben concitar el apoyo de todos los sectores nacionales, tal y como ha sido el espíritu de la Estrategia Nacional de Desarrollo.

En estos momentos difíciles que vive la humanidad, es cuando más se precisa de la sumatoria de esfuerzos que se encaminen a construir la sociedad más justa y equitativa que todos aspiramos. En ese sentido, las autoridades monetarias seguirán vigilantes del entorno internacional y la evolución de la demanda interna, con el objetivo de preservar la estabilidad macroeconómica, que es fundamental para propiciar un ambiente de certidumbre para la toma de decisiones y la inversión privada, con miras a seguir creciendo de forma sostenida y continuar reduciendo los niveles de pobreza y desigualdad.

Creo firmemente que trabajar de manera conjunta por un mejor porvenir para todos los dominicanos, estimados amigos, es la mejor plegaria a Dios para la consecución de estos propósitos. Como ya es costumbre, quiero finalizar mis palabras, exhortándoles a que unidos como sociedad, apostemos con optimismo al futuro de la República Dominicana.

Muchas gracias.


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